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Trabajo
infantil urbano
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(Extracción del Programa para la Prevención y Erradicación
del Trabajo Infantil Urbano en la República Argentina)
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Los procesos de urbanización de las últimas décadas
han elevado de forma substancial el volumen de niños y niñas
trabajadores en las grandes urbes. El INDEC da cuenta que en Argentina
un 53% de personas que residen en los grandes conglomerados urbanos están
por debajo de la línea de pobreza y muestran que en todo el territorio
nacional los niños y niñas pertenecientes a hogares pobres
constituyen el 72,3%. Las tasas de desocupación llegan al 21,5
%, las de subocupación demandante al 12,7% y las de subocupación
no demandante al 5,9% (1). Los barrios carenciados - villas de emergencia-
las casas tomadas y los inquilinatos constituyen una de las expresiones
más extremas de la pobreza urbana. Sus habitantes son en su mayoría
inmigrantes de zonas rurales, de pequeñas ciudades del interior
del país o de otros de la región.
Bajo estas circunstancias los niños y niñas quedan en situación
de mayor vulnerabilidad, expuestos a riesgos de abandono, migraciones
forzadas, incorporación laboral temprana, afectando sus derechos.
Los trabajadores infantiles urbanos, se hallan mayoritariamente en el
sector informal y constituyen un núcleo considerable de quienes
realizan trabajos en forma dependiente o independiente en condiciones
de gran precariedad, de riesgo y sin cobertura. Estas condiciones de vida
dificultan el acceso a la educación y a la atención de salud
adecuada. El Trabajo infantil urbano tiene como características
más relevantes la informalidad e ilegalidad, y se desarrolla en
los conglomerados urbanos.
Las modalidades que más asume esta problemática en el ámbito
urbano son:
Mendicidad; recolección de residuos en la vía pública
(cirujeo); venta ambulante; reparto de estampitas en medios de transporte;
venta de productos o flores en bares y restaurantes; acompañantes
de adultos que venden o mendigan en transportes o en la calle; el realizado
en empresas; microempresas o subsidiariamente en grandes empresas; el
trabajo doméstico en hogares de terceros o en el propio en ausencia
del los padres en forma habitual; la explotación sexual con fines
comerciales, la pornografía y el turismo sexual; tráfico
de drogas; servicios a automovilistas en la vía pública
(limpia vidrios, abre puertas, malabaristas, etc.); lustrabotas; tallerismo.

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